Si la belleza es símbolo de la presencia de Dios, entonces seguro que permaneció mucho tiempo en Andalucía. Uno casi podría llegar a creer que aquí logró concebir una sublime obra magistral a la cual no le falta de nada. No es solo por su brillante cielo azul con unos 300 días de sol al año, el brillante mar, sus interminables playas, sino también por sus picos nevados, por un mar de colinas y valles, donde el jamón se seca muy bien. También por esos extensos campos que aparecen llevando en sus entrañas los verdaderos tesoros como cereales, aceitunas, vino, frutas y hortalizas, además de ser la “tierra prometida” para la cría de ganado. No es de extrañar que la gente que ha habitado durante siglos este lugar se sientan orgullosos de Su Tierra y vivan con alegría festejando y gozando de la música, danza y con todo tipo de arte para dar las gracias al Señor. Hoy en día , especialmente los turistas disfrutan con las particularidades típicas de esta región. Un paraíso de arena, playa, sol y mar. Una comarca rica en olivares, viñedos. Un lugar, donde podemos encontrar cosas tan excepcionales como los toros y el flamenco.
A este retrato de Andalucía han contribuido sin lugar a dudas los viajeros románticos de toda Europa, incluso viajeros alemanes sucumbieron a este encanto natural. A finales de la Edad Media hubo gente adinerada que pudo permitirse viajes con una duración de uno a dos años a través de Europa. Uno de ellos fue el médico de Nurenberg: Hieronymus Münzer. En el siglo XVIII Christian August Fischer (1771-1829) fue un reconocido y respetado escritor buen conocedor de España. Le encantaba informar y entretener a la vez. Entre sus lectores se hallaba Brentano y Wilhelm von Humboldt, éste quedó tan maravillado por la descripción del paisaje español que Fischer narraba en sus lecturas, que decidió experimentarlo el mismo.
Traducción: Maria Luisa Gomez
